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Blog, Medicina de Familia
El tiempo con su médico (y el del médico con su paciente)
11/10/2017
Dra. María José Álvarez Pasquín
Experta en competencias básicas en Medicina de Familia

No hay consulta que impresione de haber sido suficiente, especialmente para el paciente que siempre estima que ha faltado tiempo, ese elemento líquido que se escurre más que el agua. La consulta es para ambos, médico y paciente, un momento único de comunicación que resulta imprescindible para establecer un primer lazo único, que va a ser el conductor de la relación durante el tiempo que esta dure, en ocasiones durante toda la vida o la vida restante. Esa confianza es el primer pilar sólido que ligará la confianza depositada por el paciente en el médico y recíprocamente. Y la empatía que el profesional genere es fundamental como amalgama imprescindible para una atención de calidad.

En este tiempo de consulta, además, hay que avanzar en la entrevista que genere el conocimiento necesario para forjar un diagnóstico certero; la comprensión suficiente para conocer las limitaciones y aspiraciones del paciente y sus allegados; avanzar en las herramientas que contribuyan al alivio, al tratamiento, a la prevención, a la rehabilitación o a un acompañamiento final encendidamente humano. Esos minutos de la consulta son, en conciencia, un tiempo precioso, irrepetible, que tanto profesionales como atendidos hemos de aprovechar y revertir de la mejor manera posible. Algunos consejos pueden resultar de ayuda para optimizar la entrevista clínica, definida por Borrell como encrucijada.

Es, por lo tanto, vital unos cuantos consejos para pacientes y profesionales que ayuden a gestionar el tiempo de forma que de la mejor entrevista clínica posible se consiga esa sospecha diagnóstica bien orientada, se personalice el tratamiento, se ofrezcan elementos de prevención adecuados, se consuele, se acompañe o se felicite por una rehabilitación y recuperación bien encaminadas.

  • Sean empáticos, respetuosos, concretos. Es un trato entre personas y, aunque el paciente digamos que está en el lado “débil”, los sanitarios pueden no estar atravesando su mejor momento. Sean cálidos, si se puede.
  • Eviten las interrupciones en la medida de lo posible. Esos teléfonos, los móviles, especialmente. Entradas de otras personas (enfermería, administrativos, otros profesionales o pacientes…)
  • Dispongan y tengan a mano la documentación identificativa (¡también el médico!, ¡que las caras se conozcan!), permisos de atención para menores o representantes de otros pacientes (ancianos, discapacitados, puntualmente por gente enferma en caso de accidente, cirugía…).
  • Preparen los informes, tanto una revisión de la historia por parte del profesional como que  los pacientes no se olviden de aportar los pruebas pertinentes que obren en su poder.
  • Prepárense. Una pequeña lista de referencia puede servir de hilo conductor para la entrevista. ¿Quién debe prepararla? Ambas partes, por razones diferentes, para no olvidar los motivos de consulta (un compañero mío dice que más de tres es demasiado, pues no pueden ser todos igual de relevantes) y el sanitario para no perder el enfoque, siempre abierto a la derivación propia de la consulta del momento.
  • Sean pacientes. Atendidos y sanitarios. Los unos con el horario, que es orientativo; todos con las dificultades de comunicación, discapacidades y la edad, que lo vuelve todo más lento.
  • Los pacientes pregunten aquello que no entiendan o la información que necesiten ampliar, las dudas y los miedos. El médico, déjese abordar. No dejen cuestiones pertinentes por formular.
  • Escúchense.
  • Sean aseados. Es una obviedad de la que se carece por ambas partes en ocasiones. Y recuerden la importancia del lavado de manos.
  • Negocien lo que haga falta. Que ambas partes terminen con buen sabor “clínico”. Las pruebas a realizar, la medicación, las derivaciones, los tratamientos, las modificaciones de los hábitos de vida. Es importante conseguir el clima de confianza, respeto y libertad para encaminar el proceso del paciente de la forma más efectiva y personalizada posible. Y que el médico, enfermería, cualquier sanitario, quede con la satisfacción del trabajo bien hecho, esa plenitud que realza la profesión.

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