La urticaria es una enfermedad frecuente, de duración variable, que interfiere de forma importante en la calidad de vida del paciente y conlleva un importante coste sanitario directo e indirecto. Los pacientes son usuarios habituales de los servicios médicos en los que son tratados por diversos especialistas (atención primaria, internistas, dermatólogos y alergólogos) con éxito irregular. Es fundamental el conocimiento adecuado para llegar a un correcto diagnóstico y control de la enfermedad. La urticaria se divide en aguda y crónica en función de la duración de las lesiones. El tratamiento de la urticaria combina la evitación de los posibles factores desencadenantes o agravantes inespecíficos con el uso de medicamentos sistémicos. La base del tratamiento de la urticaria, tanto aguda como crónica, son los antihistamínicos.

Hasta la actualidad, cuando los antihistamínicos no resultaban eficaces se utilizaban diversos fármacos e inmunosupresores con resultados variables. En los últimos años la aparición del fármaco biológico omalizumab, anticuerpo monoclonal humanizado anti IgE, ha supuesto un gran avance en el control de los casos refractarios a antihistamínicos. Las recientes reuniones de expertos europeos han resultado en la publicación de nuevas guías, que han modificado de forma importante el manejo y tratamiento que hasta ahora se hacía de los pacientes con urticaria.

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