Vivimos una nueva era en el diagnóstico prenatal propiciada por una mejora de nuestro conocimiento del desarrollo fetal y favorecida por el desarrollo y evolución de las técnicas de imagen, fundamentalmente los ultrasonidos (US) y la resonancia magnética (RM), con transductores y equipos de alta resolución dotados de herramientas que permiten mejorar nuestra capacidad diagnóstica. Todo esto ha contribuido al incremento en la sensibilidad, especificidad y en ocasiones, precocidad del diagnóstico.

En los primeros años del diagnóstico prenatal, en cuanto a las malformaciones del cerebro, este se centraba en anomalías muy groseras y frecuentemente asociadas a otras (anencefalia, grandes defectos del tubo neural…) pero recientemente es posible incluso detectar alteraciones mucho menos evidentes (trastornos de la migración, sulcación, agenesias parciales del cuerpo calloso…) muchas de ellas aisladas.

En las próximas décadas, los progresos en el manejo de estos fetos deben de ir encaminados a conocer mucho mejor el pronóstico de muchas de estas alteraciones, principalmente en los casos en que aparecen de forma aparentemente aislada, algo que con mucha frecuencia nos demandan los futuros padres.

Contenidos relacionados