Debido a la complejidad de la tocurgia y a la alta tasa de errores que se cometen con el tacto vaginal, surge la necesidad de buscar otros métodos para valorar a las pacientes intraparto. Ha sido necesario esperar hasta la modernización de la tecnología para que se pueda plantear como rutina el realizar una exploración con técnicas de adquisición de imagen. Hasta hace pocos años, la ecografía intraparto solo se utilizaba de modo experimental o para comprobar su posible utilidad futura. En cambio, hoy en día se ha descrito su utilidad para el diagnóstico de cefalohematomas fetales, valoración de la progresión de la segunda fase del parto, realización de partos instrumentales, valoración del cuello uterino, visualización de vueltas de cordón ante registros cardiotocográficos con desaceleraciones, para punción de la anestesia epidural, valoración de la vejiga, valoración de la diástasis de pubis, medidas del grosor miometrial y correlación con posibles rupturas uterinas, control de la tercera fase del parto, valoración del bienestar fetal intraparto, etcétera (1).

Así, grupos hospitalarios como la Charité en Berlín han sido pioneros en la utilización rutinaria de esta tecnología siempre y cuando existan dudas acerca de la progresión de un parto, sobretodo en la segunda etapa del parto, es decir, el expulsivo. Los resultados que han obtenido gracias al uso rutinario de la ecografía intraparto y de la toma de decisiones según la valoración de la imagen han demostrado la utilidad de esta técnica, pues han logrado reducir el número de cesáreas en dilatación completa, además de otorgar una mayor seguridad a los obstetras a la hora de aplicar un instrumento (2).

La ecografía intraparto, por tanto, tiene múltiples finalidades. En la segunda etapa del parto, la ecografía tiene 2 utilidades principales: por un lado, servir para establecer la posición de la cabeza fetal y, por otro lado, para establecer el plano o la estación de la presentación fetal de manera indirecta. Sin embargo, también se está estudiando su utilidad para predecir la vía más adecuada de cada parto estudiando no solo la posición y la estación en el canal del parto, sino también la diferencia en estos parámetros y en la orientación cefálica según exista o no pujo activo. Por otro lado, ha surgido la opción del uso de sonopartogramas con el fin de seguir el parto evitando los tactos vaginales (3).

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