Infertilidad, por lo general, se define como la incapacidad para concebir, gestar o dar a luz a un niño tras un año de relaciones sexuales no protegidas.

Los médicos pueden determinar la razón de que una pareja no consiga concebir o dar a luz a un hijo en cerca del 90% de los casos, y corregir la infertilidad en cerca del 50 por ciento.

Un 15% de la población recurre a tratamientos de reproducción asistida y una de las causas de este aumento de la infertilidad se debe a los cambios producidos en nuestra sociedad en los últimos años. Los anticonceptivos, la incorporación de la mujer en el mundo laboral y la planificación familiar han contribuido al retraso de la edad de maternidad.

De acuerdo con la OMS, entre el 2% y el 10% de las parejas son estériles y de un 10 a un 25% experimentan infertilidad secundaria. En España, cada año 44.000 nuevas parejas presentan problemas de esterilidad. Entre estas parejas existe un factor femenino en el 30-40% de los casos, masculino en el 10-30%, en un 15% se detectan anomalías en ambos y no se halla causa en el 5-10%.

La dificultad de tener hijos, cuando existe un deseo claro de tenerlos, resulta ser una de las situaciones más difíciles que debe abordar tanto la persona como la pareja afectada. Los individuos en esta situación se ven enfrentados, en muchas ocasiones, a una crisis que genera angustia y sentimientos de pérdida y frustración importantes. Todo puede empezar en las etapas de diagnóstico, en la fase de inicio del proceso, siguiendo por las diferentes etapas de tratamiento. Las personas en esta situación deben enfrentarse a una sensación de incertidumbre y de falta de control que, a menudo, dan lugar a respuestas psicológicas diversas. Como sabemos, éstas dependerán en gran medida de los recursos psicológicos personales, la relación de pareja, la intercomunicación, el estado de ánimo general y eventos que pueden añadir componentes estresantes a la situación en sí.

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