Desde hace más de cien años se conoce que el ovario tiene un papel fundamental durante las primeras semanas de embarazo. Tras treinta años de investigación se consiguió descifrar el modo de conexión entre el cuerpo lúteo y la placenta: una sustancia química que finalmente ha resultado esencial en la obstetricia, la anticoncepción, la reproducción asistida, la terapia sustitutiva de la menopausia y la oncología ginecológica.

¿Imaginas tu labor de ginecólogo si no existieran los preparados de progesterona?

Desde los primeros pasos en su formación, un profesional de la ginecología conoce en profundidad el efecto feedback negativo de los estrógenos sobre la secreción hipofisaria de FSH. Aprende a discernir entre las diferentes alteraciones de la función endocrina central y periférica según la secreción de gonadotropinas, y sobre este concepto desarrolla gran parte de su saber en ginecología funcional.

En cambio, el poderoso efecto feedback negativo hipotalámico de la progesterona es muy poco conocido. Durante la gestación, los niveles elevados de estrógenos y progesterona generan una potente inhibición central, pero no permiten afirmar que parte del efecto corresponde a cada una de las hormonas. Quizá podría deducirse de la anticoncepción con progestágenos sólo, pero su efecto uterino produce anticoncepción en sí mismo e impide asignar el valor de la progesterona en la inhibición del pico de LH.

La necesidad de progesterona en la fase lútea es obvia, pero no lo es tanto la necesidad de adición exógena. Tampoco es clara su dosis, momento de inicio o duración ideal.

Se conoce que los progestágenos están relacionados con la implantación, el equilibrio de las citoquinas, la actividad de los linfocitos, la síntesis de ácido araquidónico y la contractilidad endometrial.

Como la extirpación del cuerpo lúteo induce el aborto, hace ya más de ochenta años se propuso el concepto de insuficiencia del cuerpo lúteo y con ello el supuesto beneficio de la progesterona exógena para prevenir y tratar el aborto espontáneo.

El aborto es muy común en humanos. Casi un tercio de las gestaciones terminan en aborto, especialmente en la mujer por encima de 35 años. En la mayor parte de ellos no podemos contribuir a evitarlo, pues hay una aberración genética subyacente.

Los estudios actuales han verificado la ausencia de relevancia clínica de la insuficiencia del cuerpo lúteo, pues los estudios confirman una y otra vez que la adición de progesterona no aporta beneficios en la prevención y tratamiento del aborto.

Los progestágenos son muy seguros y eficaces. Con frecuencia presentan efectos secundarios, pero habitualmente son muy suaves. Sin embargo, debemos advertir de ello a nuestros pacientes. La somnolencia y la alteración del equilibrio tras la toma oral pueden conllevar lesiones por caída y dificultad para la conducción de vehículos.

Los riesgos graves son muy poco frecuentes. El profesional de la ginecología no suele conocerlos y no los tiene en cuenta en su actividad profesional diaria. La eventual aparición de una trombosis, un cáncer de mama o una severa reacción anafiláctica al cacahuete pueden conllevar desagradables implicaciones médico legales.

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