El acceso vascular (AV) constituye la piedra angular de cualquier tratamiento con hemodiálisis. El paciente que vaya a ser sometido a hemodiálisis crónica necesitará tener bien desarrollado un acceso que proporcione adecuado flujo de sangre, facilidad para la canulación repetida y mínimas complicaciones. La fístula arterio-venosa (FAV) nativa es hoy día el mejor de los accesos posibles al cumplir mejor que las prótesis o los catéteres estas tres condiciones(1,2).

Igualmente, cuando el paciente agudo necesita hemodiálisis la inserción de un catéter debe realizarse adecuadamente y con las máximas garantías de seguridad y confort. La ecografía es una herramienta  de indudable valor en todos los aspectos concernientes al AV, ya sea para el conocimiento del árbol vascular previamente a su creación, para monitorizar su desarrollo y maduración y por supuesto para facilitar su uso “in situ” y detectar las posibles complicaciones.

El interés por esta técnica diagnóstica se ha visto reflejada en múltiples publicaciones científicas en los últimos años lo que justifica sobradamente la extensión de su conocimiento en el ámbito de la Nefrología.

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