La esquizofrenia es un constructo clínico heterogéneo sin anomalías biológicas características de sus presentaciones o capaces de segregar en ellas grupos de utilidad científica y clínica, como la predicción de la respuesta al tratamiento o evolución y la identificación de factores etiológicos. Sin embargo, puede asumirse con seguridad que (al menos) en muchos pacientes hay una disfunción cerebral subyacente a los síntomas que forman ese constructo clínico. En este sentido, las técnicas funcionales de estudio de sus sustratos cerebrales, en el contexto de otros datos biológicos y clínicos, representan una oportunidad de identificar ese sustrato. No obstante, es muy posible que no exista un sustrato único para la esquizofrenia sino más bien coincidan en ese síndrome clínico diversos cuadros biológicamente diferenciables.

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