La espasticidad es uno de los problemas más comunes entre los pacientes con esclerosis múltiple. Puede llegar a estar presente en el 70% de los casos. Además de los problemas de movilidad que pueda ocasionar, puede ser causa de dolor, malposiciones articulares y/o posturales, problemas de higiene, interferencia en el sueño nocturno y, en general, por disminuir la calidad de vida del paciente con esclerosis múltiple.

De este modo, este curso trata de identificarla y distinguirla de otros procesos similares, conocer aquellas circunstancias o factores que facilitan su empeoramiento, llevar a cabo una correcta evaluación de la misma y desarrollar un adecuado plan de abordaje terapéutico son esenciales para mejorar la calidad de vida de la población de pacientes que la padecen.

En el capítulo 1 se estudia la espasticidad desde el punto de vista de que es un síntoma muy común en la esclerosis múltiple (EM), ya que afecta a entre el 40 y el 80% de los pacientes en grado variable, sobre todo en los estadios más avanzados de la enfermedad.

El capítulo 2 está dedicado al correcto desarrollo del diagnóstico en la espasticidad. Para empezar, es necesario descartar todos aquellos desencadenantes que pueden incrementarla. En estos casos, el tratamiento puramente sintomático solo oculta el problema de base, retrasando su resolución y pudiendo ocasionar más complicaciones a largo plazo.

Por otra parte, es igualmente importante hacer un correcto diagnóstico diferencial de otras situaciones parecidas a la espasticidad, así como de otras enfermedades diferentes que también se puedan manifestar con espasticidad o síntomas semejantes.

En el capítulo 3 se analiza el tratamiento de la espasticidad como parte del programa rehabilitador y del tratamiento general de la enfermedad. La monitorización de su evolución nos permitirá evaluar la eficacia de las intervenciones realizadas sobre el paciente. Esta evaluación debe realizarse de forma reglada y sistemática, para garantizar la fiabilidad de los resultados obtenidos y facilitar la comparación de resultados entre poblaciones. No solo debemos aliviar los síntomas y mejorar la situación funcional y la calidad de vida del paciente con espasticidad secundaria a EM, sino que tenemos que ser capaces de medir la eficacia de nuestras intervenciones, tanto para apoyar su repetición en el futuro como para avanzar en la ciencia médica.

En el capítulo 4 se aborda el estudio de la espasticidad desde su relación con la EM. En primer lugar hay que tener claro y definir si el paciente tiene espasticidad y si se debe a la EM. En segundo lugar hay que valorar qué factores pueden estar agravando o facilitando esa espasticidad. En tercer lugar hay que medir lo más objetivamente posible el grado de espasticidad y su repercusión en las actividades de la vida diaria. Y en cuarto lugar hay que valorar todas las diversas terapias, cuando se precisan para que el paciente pueda mejorar su espasticidad.

Por último, el capítulo 5 desarrolla un análisis sobre el tratamiento físico de la espasticidad, la cual incluye múltiples modalidades de fisioterapia y electroterapia, cada una con indicaciones específicas y evidencia diferente. La prescripción del tratamiento físico en espasticidad corresponde al especialista en Medicina Física y Rehabilitación, pero cualquier médico dedicado al manejo del paciente espástico debe conocer su existencia y las indicaciones generales de cada terapia.

Contenidos relacionados