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Dermatitis atópica: un porvenir prometedor
26/01/2018
Dr. Gastón Roustan Gullón
Director médico-científico de Dermatología

La dermatitis atópica o eczema atópico es un proceso inflamatorio crónico de la piel que afecta a un alto porcentaje de la población, especialmente en la edad pediátrica, aunque en bastantes casos se mantiene o debuta en la edad adulta. Es una enfermedad multifactorial, y en su etiopatogenia están implicadas la predisposición genética, factores ambientales (clima, contaminación, estrés…), la disfunción de la barrera cutánea y una alteración inmunológica que produce una inflamación persistente.

Se caracteriza por prurito intenso que muchas veces produce erosiones por rascado y engrosamiento o liquenificación de la piel, acompañado de  placas eczematosas irregulares de distinto tamaño, distribuidas por toda la superficie corporal y localizándose típicamente en los pliegues. Se asocia con frecuencia a asma y rinitis alérgica. 

La dermatitis atópica tiene un buen pronóstico a corto y largo plazo, excepto una mayor susceptibilidad a infecciones cutáneas  (bacterianas, fúngicas o víricas como el herpes simple diseminado). Sin embargo, produce una gran alteración de la calidad de vida de los pacientes: alteraciones del sueño, insomnio, irritabilidad, ansiedad, depresión, además de un mayor número de comorbilidades que la población general. Es muy importante realizar un abordaje psicodermatológico en estos pacientes.

No existe un tratamiento curativo de la dermatitis atópica en la actualidad. Son muy importantes los cuidados generales de la piel: hidratación, evitar factores irritantes locales usando ropa sólo de algodón y jabones sobregrasos sin perfume, entre otros. Cuando está localizada en pequeñas áreas el tratamiento es tópico con corticoides de pequeña-mediana potencia en la fase aguda y los inhibidores de la calcineurina (tacrolimus, pimecrolimus) como terapéutica de mantenimiento. 

El tratamiento sistémico de la dermatitis atópica grave o extensa hasta ahora era bastante limitado: corticoides en pauta descendente, ciclosporina, metotrexate.  Estos fármacos presentan  riesgos importantes cuando se utilizan durante un tiempo prolongado (osteoporosis o diabetes, hipertensión o insuficiencia renal, hepatopatía, respectivamente). El mayor conocimiento de los mecanismos patogénicos de la enfermedad ha dado lugar al desarrollo de nuevas moléculas dirigidas a diferentes dianas específicas de la misma.

Dupilumab es un anticuerpo monoclonal recombinante de la IgG4 humana que inhibe la señalización de la interleucina-4 y la interleucina-13, a  través del receptor de Tipo I (IL-4Rα/γc) y a través del receptor de Tipo II (IL-4Rα/IL-13Rα). IL-4 e IL-13 son citocinas clave de tipo 2 (incluidas en Th2) fundamentales en el desencadenamiento de la dermatitis atópica. Se administra por via subcutánea  (300 mg  cada 2 semanas, con una dosis de inicio de 600 mg). Ha sido recientemente aprobado por la Agencia Europea y Española del medicamento y en diversos estudios ha demostrado una gran eficacia, mejorando de manera significativa las escalas de gravedad global de la enfermedad tanto a corto como largo plazo, consiguiendo una reducción significativa del prurito y de las lesiones cutáneas, así como una mejora de la calidad de vida; con un perfil de seguridad favorable, siendo los efectos adversos más comunes las conjuntivitis o queratitis y una mayor frecuencia de herpes simple orofacial. Aunque todavía sólo está aprobado en pacientes adultos,  está siendo evaluado en niños y adolescentes.

Pero esto no es todo. En la actualidad hay ensayos en marcha con nuevos fármacos tanto en forma tópica (crisaborol,  un inhibidor de la fosfodiesterasa 4) como sistémica (inhibidores de la fosfodiesterasa, inhibidores JAK). 

Con este panorama podemos afirmar con rotundidad que se abre una nueva esperanza para los pacientes que sufren una dermatitis atópica grave o extensa. 

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