Introducción

Los eventos adversos que ocurren en la práctica clínica diaria pueden deberse a condiciones que hagan inevitable el incidente o a otras causas que cabe considerar, a priori, evitables. En este segundo caso, y especialmente cuando en el origen del evento adverso se halla un error clínico, la vivencia del profesional que se siente involucrado en ese incidente suele ir acompañada, en mayor o menor intensidad, de culpa, temor por las consecuencias que para el paciente haya podido tener ese error, estrés emocional, insomnio, ansiedad, incapacidad para tomar decisiones clínicas, dificultad para la relación interpersonal, apatía y, en los casos más extremos, al cabo de unos días, una reacción similar a la que se produce en el conocido como síndrome del estrés postraumático (en sus siglas en inglés PTSD).

 
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