Las infecciones genitales son las más frecuentes en la mujer, debido fundamentalmente a la actividad sexual que permite el aporte de gérmenes a la vulva, la vagina y el cuello uterino.

Por otro lado, la proximidad del ano y el recto permiten la posibilidad de contacto con la flora intestinal.

Los procesos funcionales del aparato genital como son la menstruación, abortos, partos y puerperios son situaciones que se pueden complicar con infecciones de diversos tipos.

También la proximidad de la uretra con la vagina facilita la infección del tracto urinario inferior.

Las infecciones genitales pueden ser potencialmente graves, pues el canal genital pone en comunicación directa el exterior con la cavidad peritoneal, y además se une la importancia social que tienen las enfermedades de transmisión sexual en un entorno económico y cultural.

Hay que añadir que las infecciones genitales ofrecen dificultades de diagnóstico, muy especialmente etiológico y de confirmación de curación absoluta.

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